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Hace unos días hablábamos sobre un estudio que está llevando a cabo un equipo médico de Santiago de Compostela entorno al uso de células madre para regenerar el tejido dañado después de sufrir un ictus.

En relación al infarto cerebral, una de las causas principales de mortalidad en España, también se están aplicando actualmente una serie de medidas tecnológicas para el diagnóstico y el tratamiento de la enfermedad.

Entre los primeros casos, una de las últimas novedades en este ámbito ha sido la aplicación de la telemedicina. La unidad de ictus del hospital La Paz, pionera en el tratamiento de infartos cerebrales en España, utiliza la videoconferencia para estar conectada con otros centros de la comunidad que no disponen de una unidad especializada. Esto facilita el diagnóstico y la toma de decisión en cuanto al tratamiento en las cruciales primeras horas después de haber sufrido el infarto cerebral e, incluso, ya desde el traslado en ambulancia. De esta manera, se consigue actuar con mayor rapidez, precisión y eficiencia para evitar la muerte o daños profundos.

También la tecnología se está utilizando para facilitar la vida de los pacientes con secuelas importantes. En este sentido, ingenieros, informáticos y neuropsicólogos desarrollan diferentes soluciones, como por ejemplo, la iniciativa llevada a cabo por los expertos en rehabilitación del Ceadac (Centro de Referencia Estatal de Atención al Daño Cerebral) : un sistema de focos luminosos que apuntan al suelo para ayudar a aprender, de nuevo, un patrón normal de marcha.

Del mismo modo, también se ha creado una aplicación móvil que permite a las personas que tienen problemas para escribir o hablar -una de las muchas secuelas que pueden producirse tras un ictus- comunicarse con un solo dedo. Una aplicación que han desarrollado en colaboración con la Fundación Vodafone.

Toda una serie de avances tecnológicos que tienen al paciente en su punto de mira tanto en la actuación primera como el cuidado del enfermo.

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Fuente de la noticia y la fotografía EL PAÍS